En seis capítulos, que van contando lentamente los, digamos, progresos de West en su labor reanimadora, Lovecraft va poco a poco desarrollando la corrupción moral del personaje de West y su obsesión investigadora, que hace que vea a los humanos como poco más que especímenes sobre los que realizar sus macabros experimentos; hasta llegar a un clímax bastante salvaje en el que la situación empieza a encontrarse en un estado cada vez más inestable, y los protagonistas empiezan a temer que sus acciones tengan consecuencias imprevistas...
Sólo por esa evolución en los personajes (por un lado el doctor West y su cada vez mayor obsesión y degradación moral; y por otro lado el narrador, que pasa de un estado de asustada curiosidad morbosa al terror más absoluto) ya merece la pena leer este relato. Puede que a día de hoy no suene demasiado terrorífico, pero en su época (1.922) tuvo que ser francamente aterrador. Y además, es una de las obras de Lovecraft que no desarrolla la mitología ni el panteón de dioses; así que es una agradable variación en la de por sí siempre agradable lectura de los relatos de Lovecraft.
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